4dim / Notas
El correo que rescata cuentas no manda campañas
Una campaña a mil personas produce marcas de no deseado y rebotes. Si sale del mismo buzón, ese coste lo paga también el correo de restablecer contraseña — y no falla: llega a la carpeta que nadie mira.
Dos clases de correo que no pueden compartir buzón
Si mandas correos desde tu producto, esta nota te dice por qué hay que separarlos en dos buzones distintos, y tres trampas del envío que aparecen siempre. La separación es gratis el primer día e imposible de deshacer después.
Un producto manda dos clases de correo y se parecen solo en el formato.
- Transaccional. Restablecer una contraseña, una invitación al equipo. Uno por vez, lo espera quien lo pidió, y si no llega, alguien se queda fuera de su cuenta.
- De campaña. Muchos de golpe, a gente que no lo pidió en ese momento. Se marca como no deseado con cierta frecuencia, siempre.
Mandarlos desde la misma dirección quema la reputación del buzón con el que se rescatan cuentas. Y ese es el correo que no se puede permitir que caiga en la carpeta de no deseados.
Cómo se quema una dirección, en concreto
Los servidores de correo del mundo puntúan a quien les escribe. La puntuación sube con los correos que la gente abre y responde, y baja con los que marcan como no deseados o que rebotan.
Una campaña a mil personas produce, inevitablemente, unas cuantas marcas de no deseado y unos cuantos rebotes de direcciones muertas. Es normal y es el coste de mandar campañas.
El problema es quién paga ese coste. Si sale de la misma dirección, lo paga también el correo de restablecer contraseña. Y la consecuencia no es visible: ese correo no falla, llega a la carpeta de no deseados.
Quien pidió recuperar su cuenta no ve nada. Concluye que tu sistema no funciona, y tiene razón desde donde está mirando.
En nuestro caso hay además un argumento de producto: las campañas van por WhatsApp, que es lo que vendemos. Así que por el buzón de correo sale poco y bien, y nada más.
La trampa del remitente
Primera trampa de fontanería, y la que más horas cuesta la primera vez.
Parece razonable mandar los correos con un remitente bonito, algo como «hola@tuempresa.com», aunque el servidor que los manda esté autenticado con otra cuenta.
Muchos proveedores lo rechazan. Exigen que el remitente sea la cuenta que se autenticó. Y el rechazo no llega al configurar: llega a mitad de un envío, como un código de error numérico que no menciona la palabra «remitente» por ninguna parte.
Por eso el nuestro, si no se configura explícitamente, cae a la cuenta autenticada. Es menos bonito y funciona siempre. Quien quiera otro remitente lo pone a propósito, sabiendo que su proveedor lo admite.
La trampa del enlace relativo
Segunda trampa, y es de las que se cuelan porque en la web funciona lo contrario.
Dentro de una página, un enlace corto —solo la ruta, sin el nombre del sitio— funciona perfectamente: el navegador sabe en qué sitio está.
Dentro de un correo, no hay sitio. El correo se abre en el programa de correo de alguien, que no tiene ni idea de cuál era tu dominio. Un enlace corto ahí no lleva a ninguna parte.
Así que todo enlace que salga en un correo tiene que ser completo, y eso exige que el sistema sepa dónde vive — una dirección base configurada, que en desarrollo y en producción son distintas.
| Dónde | Enlace corto | Por qué |
|---|---|---|
| En una página | Funciona | El navegador sabe dónde está |
| En un correo | No lleva a ningún sitio | No hay página de origen |
| En un JSON-LD | Desaconsejado | Lo lee un rastreador, no un navegador |
Tercera: que el correo sea feo, a propósito
La última no es de fontanería, es de criterio, y va contra lo que recomienda cualquier plantilla de correo.
Un correo de restablecer contraseña tiene que parecerse a un correo personal: texto, un enlace, poco más. Sin cabecera con logotipo, sin botones de colores, sin tres columnas.
Dos razones. La primera es de entrega: el correo cargado de imágenes y maquetación se parece más a una campaña, y los filtros lo saben.
La segunda es de seguridad, y es más importante: los correos de suplantación son bonitos. Están muy bien maquetados, con el logotipo perfecto. Acostumbrar a tu gente a que tus correos importantes sean vistosos es entrenarla para que confíe en lo vistoso.
Qué hacer entonces
- Usa dos remitentes distintos. Uno para lo que rescata cuentas, otro para lo que se manda en lote. Separarlos después de quemar el primero no arregla lo quemado.
- Comprueba a qué carpeta llega tu correo de contraseña. Con una cuenta que no sea tuya y que nunca te haya escrito.
- Manda con el remitente autenticado. Salvo que sepas que tu proveedor admite otro.
- Todos los enlaces del correo, completos. Con el dominio delante, siempre.
- Que tus correos importantes sean sosos. Entregan mejor y no entrenan a nadie a confiar en lo bonito.
Esta nota sale de nuestro trabajo en Desarrollo de Software a medida.