Software a medida
Cuando la operación ya existe y el sistema todavía no
Escribimos el sistema que su operación ya está haciendo a mano en hojas de cálculo y en grupos de WhatsApp. Con su gente adentro desde la primera semana.
Primero miramos su hoja de cálculo. La cifra viene después.
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Nadie decidió construir esto
La hoja empezó con tres columnas. Hoy tiene catorce, dos pestañas que nadie borra por si acaso y una fórmula que falla desde marzo. El estado de un pedido se pregunta en un grupo de WhatsApp, y quien sabe dónde está cada cosa es una persona.
Eso ya es un sistema: se usa todos los días y la operación depende de él. Lo que no tiene es dueño, registro, ni forma de que entre alguien nuevo sin que se lo expliquen.
02
Se empieza por un flujo, no por una plataforma
Primero seguimos un dato: quién lo escribe, quién lo aprueba, qué decisión produce y qué queda guardado. Ahí aparecen las reglas que nadie sabe explicar en una reunión y que solo se ven cuando alguien las usa de verdad.
Después se elige un flujo con frontera clara, resultado visible y alguien que lo necesite esta semana. Ése se construye y se pone a usar. Una plataforma entera levantada sin usuarios enseña menos que una primera parte que alguien abre el lunes.
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Y si se van ustedes, ¿quién mantiene esto?
Es la objeción que frena esta compra, y no el precio. La respuesta se da antes de empezar, porque cambia cómo se escribe el sistema.
El código es suyo. Se lo puede llevar.
Con su historial y con lo necesario para que otro equipo lo tome. Si hace falta un servicio de terceros, queda identificado con su nombre y su coste, y no dentro de una factura nuestra. Poder cambiar de proveedor sin reescribirlo todo es una condición del diseño.
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Qué queda instalado
- El mapa del proceso: qué dato entra, quién lo aprueba y qué tiene que quedar registrado.
- El flujo elegido funcionando, con sus estados vacíos, sus errores y sus confirmaciones.
- El modelo de permisos: quién ve, quién crea, quién aprueba y quién exporta.
- El historial de las acciones que importan, y cómo volver a la versión anterior.
- El código, el repositorio y las llaves, a su nombre.
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El plazo lo fijan las excepciones
No las pantallas. Un proceso con veinte pantallas y ningún caso raro se entrega antes que otro con cinco y tres excepciones que solo conoce una persona.
Por eso la primera parte útil suele estar en semanas: se elige a propósito un flujo con frontera clara. Lo demás tarda lo que tarde en aparecer su operación real, y cada excepción que descubre un usuario es trabajo que no estaba en la lista. Eso se dice al empezar, no al final.
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Lo que no hacemos por usted
No convertimos en código una regla que nadie sabe explicar: primero se decide, después se escribe. No apagamos su hoja de cálculo el primer día, porque apagarla antes de que el equipo confíe en el sistema no la elimina, la convierte en un archivo en la sombra. No copiamos datos de personas a una herramienta nueva sin saber quién puede verlos. Y no levantamos una plataforma entera para quien todavía está averiguando qué necesita.
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Lo que hemos averiguado nosotros
No publicamos casos de clientes todavía. Publicamos lo que nos ha pasado construyendo, con su método y su fecha, y está abajo en las notas: qué ocurre cuando la misma verdad vive en dos copias, por qué un nombre que empieza por el signo igual se ejecuta como fórmula al abrir la exportación, y cuántas peticiones se caen en un despliegue hecho de la forma fácil.
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Las preguntas que evitan construir de más
¿Cuánto cuesta un desarrollo a medida?
Depende del tamaño del flujo que se automatiza, de cuántos sistemas tiene que tocar y de cuántas excepciones reales hay que sostener. Las excepciones son lo que engorda un presupuesto: un proceso con tres casos raros cuesta más que otro con el doble de pantallas y ninguno. Cotizamos sobre un alcance escrito después del diagnóstico, y si el alcance cambia, la cifra cambia y se dice.
¿Cuánto tarda en estar funcionando?
La primera parte útil suele estar en semanas y no en meses, porque se elige a propósito un flujo con frontera clara y resultado visible. El sistema completo tarda lo que tarde en aparecer la realidad de su operación: cada excepción que descubre un usuario es trabajo que no estaba en la lista. Preferimos entregar algo que se use pronto y ampliarlo, antes que desaparecer medio año.
¿Puedo empezar con una sola parte?
Sí, y suele ser la mejor decisión. Una primera parte bien delimitada enseña más que una plataforma entera construida sin usuarios: en cuanto alguien la usa de verdad aparecen las reglas que nadie sabía explicar en una reunión. Elegimos un flujo con un resultado visible, una frontera clara y alguien que lo necesite esta semana.
¿Qué pasa con la hoja de cálculo que usamos hoy?
Se estudia antes de migrar. Puede ser la fuente de verdad, una copia útil o la prueba de que falta una regla que nadie escribió. No todo lo que tiene columnas debe convertirse en una tabla nueva. En varios casos la hoja sigue viviendo un tiempo al lado del sistema, hasta que el equipo confía en el sistema; apagarla antes de eso genera un tercer archivo en la sombra.
¿Quién es dueño del código?
Usted. Entregamos el código fuente, el historial y las instrucciones necesarias para que otro equipo lo tome. Si un servicio externo es imprescindible —una pasarela de pagos, un proveedor de mensajería— queda identificado con su nombre y su coste, y no se presenta como si fuera parte de lo nuestro. Poder cambiar de proveedor sin reescribirlo todo es una condición del diseño.
¿Quién lo mantiene después de entregarlo?
Se decide antes de empezar, porque cambia cómo se escribe el sistema. Si lo va a mantener su equipo, entregamos con documentación y acompañamiento. Si lo mantenemos nosotros, se acuerda qué cubre ese servicio: corregir un fallo no es lo mismo que añadir una función, y mezclar las dos cosas en una sola cuota termina en discusión. Un sistema sin dueño se degrada aunque nadie lo toque.
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Cuéntenos qué hace a mano
Le decimos qué merece convertirse en software —y qué no—.
Primero miramos su hoja de cálculo. La cifra viene después.
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