4dim / Notas
El saludo que no explica nada
Una caja de texto vacía no dice qué escribir, y las tres salidas habituales fallan: el texto dentro desaparece al escribir, los ejemplos se convierten en un menú y el tutorial no lo lee nadie. Qué hacemos, y por qué cuatro franjas y no dos.
Una caja de texto no dice qué escribir
Si tu producto tiene una pantalla donde alguien puede escribir cualquier cosa, esta nota trata el problema de la caja vacía y cuatro formas de resolverlo, tres de las cuales no funcionan.
Una pantalla con una caja de texto y nada más es el problema de diseño más difícil que hay: no dice qué hacer con ella. Quien llega por primera vez se queda mirando, escribe «hola», y aprende poco.
Las tres salidas habituales fallan por motivos distintos:
- Un texto de ayuda dentro de la caja. Desaparece al escribir, justo cuando haría falta, y en muchos lectores de pantalla se lee mal.
- Una lista de ejemplos. Funciona, y convierte la pantalla en un menú: la gente pulsa los ejemplos y no descubre nada más.
- Un tutorial. Nadie lo lee, y encima aparece cuando la persona ya decidió que quería hacer otra cosa.
Ocupar el hueco sin explicar nada
Lo que hacemos es un saludo. Una frase, encima de la caja, que cambia según la hora.
«La bandeja duerme. Pregunta sin prisa.» «Arranca el día. ¿Miramos la bandeja?»
No explica nada. Ocupa el hueco y dice que hay alguien al otro lado.
Esa es toda la ambición, y es deliberada. Lo que resuelve no es la ignorancia —para eso está la documentación— sino la sensación de estar delante de algo apagado. Una pantalla que te habla es una pantalla encendida.
Y de paso, cada saludo menciona la bandeja o los números, así que sugiere el terreno sin dar ejemplos que se conviertan en el único camino.
Cuatro franjas, y la madrugada aparte
La hora manda, porque es lo único que de verdad sabemos del momento de quien mira. No sabemos si está ocupado, ni si acaba de entrar, ni qué le preocupa. Sabemos qué hora es en su reloj.
Son cuatro franjas y no dos, y la cuarta es la interesante.
| Franja | Qué se asume |
|---|---|
| Madrugada | No está empezando el día: lo está terminando |
| Mañana | Arranca |
| Tarde | Va por la mitad |
| Noche | Cierra |
Con dos franjas aparece el fallo clásico de estos saludos: «buenos días» a las once de la noche. Es pequeño y hace un daño concreto: quien lo lee sabe que nadie pensó en él, y a partir de ahí lee el resto del producto con esa sospecha.
La madrugada va aparte porque quien atiende una bandeja a esa hora no está empezando la jornada, la está terminando. Decirle «buenos días» sería literalmente correcto y humanamente falso.
La coma va dentro de la marca
Detalle diminuto que resuelve un problema que aparece en todos los textos con nombre dentro.
El saludo incluye el nombre si lo hay. Y a veces no lo hay: alguien que acaba de entrar y no lo ha puesto.
Lo natural es escribir la plantilla con la coma: «Buenos días,{nombre}». Sin nombre queda «Buenos días,» — con una coma colgando que delata el mecanismo.
La solución es que la coma viva dentro de la marca. La marca no es «el nombre», es «coma más nombre». Sin nombre, la marca se reemplaza por nada y queda «Buenos días.». Perfecta.
Vale para cualquier texto con datos opcionales dentro: la puntuación que solo tiene sentido con el dato, va con el dato. Si se queda en la plantilla, la plantilla tiene que saber si el dato existe, y ahí empiezan las condiciones.
La única licencia de tono, y por eso se queda corta
Hay algo más en esta pieza, y es de marca más que de programación.
Nuestra guía pide preciso y directo: sin exclamaciones, sin superlativos, sin adjetivos de refuerzo. Todo el producto está escrito así.
El saludo es la única licencia de tono que se toma. Y precisamente por ser la única, se queda corta a propósito: nada de «¡encantado de ayudarte!», ningún signo de admiración.
Un saludo puede ser cálido sin dejar de ser preciso. «Silencio en los canales. Aquí estoy» es cálido y no tiene ni un adjetivo.
Si un producto es sobrio en todas partes menos en el saludo, el saludo suena a otro producto.
Qué hacer entonces
- Mira tus pantallas vacías con ojos de recién llegado. Las que no dicen qué hacer son donde se pierde la gente.
- Ocupa el hueco sin explicar. Explicar en la pantalla vacía es un tutorial, y los tutoriales no se leen.
- Cuatro franjas horarias, no dos. «Buenos días» a las once de la noche le dice a alguien que no pensaste en él.
- Mete la puntuación dentro de la marca. Y prueba tus textos sin el dato opcional: es el caso que nadie prueba.
- Que el saludo suene a tu producto. Si es el único sitio con exclamaciones, desentona.
Esta nota sale de nuestro trabajo en Agentes conversacionales y automatización.